Domingo, 08 Diciembre 2019

Un ejemplo de militarización social.

No nos interesa el grado de proletarización de los controladores de vuelo españoles, protagonistas en los primeros días de diciembre de 2010 de algunos días de duros conflictos sindicales. Ciertamente, no hay comparación entre  sus condiciones de privilegio en los aspectos normativos y salariales y las condiciones  de los trabajadores emigrantes, en riesgo de ser tiroteados y arrestados cuando cruzan las fronteras españolas, cazados por los caminos y señalados como portadores de peste, ni con las condiciones de los trabajadores de la industria y los servicios, ni con las masas de proletarios despedidos de las empresas. No nos interesa el (altísimo) grado de corporativismo que caracteriza a la Unión Sindical de Controladores Aéreos (USCA, el sindicato autónomo que agrupa al 97%  del total de los controladores de vuelo: cerca de 2400 trabajadores) en comparación con el corporativismo (indudablemente menor) del de Comisiones Obreras y la UGT, quienes callando ante el ataque militar introducido en la disputa, han tomado distancia respecto a los trabajadores, temiendo el ejemplo de una lucha radical.
El enfrentamiento con el gobierno, culminado con la “militarización” de los controladores de vuelo mediante la proclamación del estado de alarma, ya duraba más de un año y medio. En febrero, por decreto-ley, el total de las horas anuales de vuelo había sido drásticamente modificado desde las 1200 normales mas unas 600 extras hasta 1670 más 80, incluyendo los permisos sindicales, los permisos y las bajas por stress, determinando a través de la eliminación de las horas extras una drástica reducción salarial; la posibilidad de jubilación a los 52 años con el máximo de pensión quedaba abolida, mientras se instituía la subordinación del sector al Ministerio de Defensa y la imposición de la obligación de visita médica inmediata por razones de salud.

Las condiciones de privilegio de esta aristocracia laboral  haría montar en cólera a cualquier metalúrgico en una cadena de montaje (o en la más moderna producción por equipos) que debe contentarse con salario de 1000 euros mensuales de media, y a quienes se exige incluso el aumento de las horas extras hasta las 120, la eliminación de los descansos, las diez horas de trabajo diario…

Pero lo que importa es la señal enviada a  toda la clase obrera, no solo española. Lo que nos debe importar no es la “patente proletaria” de los controladores ni su corporativismo. En la lucha por la defensa de las condiciones de trabajo, todo ataque contra los trabajadores (y especialmente este tipo de ataque) es un aviso a toda la clase: la burguesía impone su Ley y su Orden contra los trabajadores. Por eso, la “militarización” de los controladores de vuelo a fin de retomar el control de los aeropuertos, tras el decreto de privatización y a continuación de la huelga inesperada, sin preaviso, salvaje y masiva del 3 de diciembre (“sin ninguna garantía de servicios mínimos”), que provocó la completa parálisis del tráfico aéreo y la clausura del espacio aéreo español adquiere  un carácter extraordinario. El espectro de la lucha de clases  aparece repentinamente en el gélido invierno español, convertido en visible por una supercategoría  del cielo, así como en Rosarno había tomado consistencia  por la obra de una subcategoría de la tierra. Es el método de lucha lo que le hace especial: esta es la lección que nuestra clase  debe hacer propia independientemente de los extremos de la escala salarial. En el medio, quede claro, no existe aún la clase, sino un cenagoso mundo laboral en donde se mueven organizaciones sindicales corporativas mayoritarias o de pequeña talla, al servicio de las empresas, del Estado, de la Nación, que se aseguran grandes ingresos desactivando las luchas, retrasándolas hasta el infinito en el tiempo y en el espacio, asegurando así la paz social. Aquí está, aunque ya por poco tiempo,  la mayoría de los trabajadores  cualificados y mejor pagados, que apoyan la conservación social: pero fuera de aquí espera la mayor parte de la clase explotada, arrastrada a la lucha por ahora solamente en aquellos escasos momentos de despertar. Ambas partes tienen y tendrán necesidad de una organización independiente, de amplios comités de lucha,  de redes con métodos y objetivos de clase.

La crisis financiera, económica y social lo arrolla todo, y  las drásticas medidas  tomadas mediante decreto-ley  por el ídolo de la izquierda española e internacional, Zapatero (convertido repentinamente en “ultraconservador” y “antisocial”) mientras el desempleo se extiende (4,5 millones de trabajadores: más del 20% de la fuerza de trabajo total, el doble de la media europea), han sido  auténticos detonadores, desatando una rebelión significativa. Las medidas de privatizadoras para salvar la patria de la descomposición deberán llevar 27 mil millones de euros a las cajas del tesoro para taponar el agujero del déficit en la deuda pública, para llevarlo al famoso 3% de los criterios de convergencia de la UE manera milagrosa. La secuencia de los efectos de la crisis de  sobreproducción que han afectado  primero a Grecia, después a Irlanda y hoy a España, enmascarados bajo la forma de  ataques especulativos, y que han visto a las masas obreras entrar en acción, dejan presagiar hechos de mas calibre, en cualquier caso aún confusos y contradictorios. De hecho, la huelga general del 29 de setiembre de los principales sindicatos españoles, con la participación de la USCA, tras “la reforma del mercado laboral” no ha llevado a nada,  y ahora la retirada a partir de febrero  de los 426 euros concedidos como subsidio a los parados de larga duración sin otra protección social y el aumento de la edad de jubilación de los 65 a los 67 años están destinadas a colocar  en el terreno de la lucha  también a la parte mas desfavorecida de la clase.

Como esperábamos, la ocasión para revolver el barro entre las filas de la clase se ha presentado pronto: la instigación al esquirolaje y a la división estaba en la sombra y los medios la han cogido al vuelo. Y no debe extrañar que en los comentarios de la prensa italiana “de izquierda” haya resurgido de repente   el viejo slogan que en un tiempo incitaba a los enseñantes contra “el bloqueo de los exámenes[1], cantando alabanzas a la unidad (conformista) de la clase y a la “Constitución Republicana salida de la Resistencia”. Escribía por ejemplo Il Manifesto el 5 de Diciembre: “La militarización plantea viejos y pendientes problemas sobre la licitud  y la modalidad de algunas huelgas[…]  ha sido un espectáculo desagradable y penoso, nunca visto antes en los 32 años que lleva en vigor la Constitución de 1978, que liberó a España de los horrores del franquismo”. En todo este nauseabundo juego de palabras, la democracia, cual cometa estelar, desciende del cielo sobre las torres de control para anunciar a los controladores de vuelo que se resisten a trabajar, bajo la tangible amenaza de las tanquetas y de los fusiles de los soldados, el diktat social. Los recursos a los despidos masivos  de 11.345 controladores de vuelo por parte de Ronald Reagan en 1980 y la derrota de los mineros llevada a cabo por la Thatcher tres años después son más que obvios; añadamos la derrota en la FIAT y la manifestación del frente antiobrero en Turín en aquel mismo 1980, para poner todo bajo el signo del castigo “justo y severo” por haber osado infringir el Orden burgués. La democracia, la soberanía popular, el orden social, el derecho, todas las constituciones, enmascaran el fundamento militar de la dictadura de la burguesía.  Esta debe ser la lección que se plasma en la realidad. El tam-tam burgués debe transmitir no solo la idea de que es inútil rebelarse contra las fuerzas dominantes del enemigo de clase, sino también el desprecio contra todos aquellos que luchan.

 

Al igual que en Grecia (135 millones de euros) y en Irlanda (85 millones) el nudo corredizo del crédito  necesita una mayor consistencia para mantener a flote la bestia capitalista española ( se habla de 450 millones de euros). Al igual que en Grecia y en Irlanda, las joyas de la familia, y en primer lugar los grandes aeropuertos de Madrid y de Barcelona (por unos 14 millones de euros) pasarán en un 49% al capital privado, para conseguir reunir el capital financiero preciso para pagar parte del endeudamiento, condición previa a la salida de la crisis. Ahora bien, si es cierto que en el sistema capitalista el capital pone en movimiento el proceso productivo, también es cierto que el dinero no es capital: la mercancía y el dinero se convierten en capital cuando son vivificados por la fuerza de trabajo. No existe capital que no sea producto de la plusvalía y de su acumulación. La masa financiera es una pura cháchara. La burguesía sabe perfectamente que sin explotación de la masa obrera nunca habrá recuperación; que sin centralización y concentración del capital y por consiguiente  sin cierres de empresa y sin despidos masivos para obtener  una mayor relación orgánica entre fuerzas materiales productivas y fuerza de trabajo, y por tanto una mayor productividad, es ilusorio pensar en una recuperación. Por tanto, la lucha de clases no puede más que extenderse.

Es este temor el que de repente se ha materializado, el miedo de la huelga hasta el final, sin límite de tiempo ni de espacio,  de toda la clase obrera. Así, en sesión extraordinaria, el gobierno Zapatero ha proclamado el estado de alarma  por 15 días, el menor de los “estados de emergencia” previstos en la Constitución democrática antifranquista (art.116: los otros dos estados son el de excepción  y el de sitio) en caso de “alteración del orden público”, como el de la “parálisis  de los servicios públicos esenciales” (límites constitucionales al ejercicio del derecho de huelga  y del conflicto colectivo),  equiparado por tanto a epidemias, contaminaciones, terremotos, inundaciones, incendios. Así, los aeropuertos han sido militarizados, y los controladores de vuelo alistados (considerados así como personal militar y por tanto sometidos a las órdenes directas del Estado Mayor de la aviación militar), los vehículos militares al mando de la jerarquía militar de la aviación, por orden del Ministerio del Interior, han bloqueado las torres de control y los mostradores, intimidando manu militari a reemprender el trabajo, con inmediato control documental y denuncias a los presentes. Las medidas  inmediatas para quien no se presentara al trabajo durante el estado de alarma: despido inmediato, proceso penal ante un tribunal militar por “delito de desobediencia y de sedición”, reconocido en el código penal de la navegación aérea, con penas que pueden ir hasta seis años de cárcel.

El aviso ha sido por consiguiente enviado,  el proletariado mundial debe tomar nota de su peligro: la alarma no se ha encendido sólo contra los controladores de vuelo, sino contra toda la clase proletaria.


[1] “Blocco degli escritini”, ó suspensión de exámenes, instrumento de presión usado por los enseñantes y consistente en no efectuar las evaluaciones periódicas a los estudiantes.

 

Partido Comunista Internacional