Los acontecimientos que se suceden en Oriente Medio no nos han pillado, desde luego, desprevenidos. Desde siempre (incluso desde antes de 1945, como se puede ver en las páginas de nuestro Prometeo, publicado en los años entre las dos guerras mundiales), hemos señalado esa zona como una de aquellas en las que las contradicciones capitalistas se hacen sentir con mayor intensidad, estallando de forma cada vez más frecuente y violenta, como ocurría en los Balcanes en torno a la Primera Guerra Mundial. Otra zona de tensiones crecientes tiene su centro en Ucrania: así pues, se puede decir que una única falla de inestabilidad social y política conecta Europa con Oriente Medio.
En nuestros artículos, folletos e intervenciones dedicados a la última masacre que se ha estado desarrollando durante meses en la Franja de Gaza a manos del Estado de Israel,siempre hemos insistido en usar el término proletariado en lugar de "pueblo": proletariado palestino, árabe o de Oriente Medio. No se trata de una afectación lingüística: "pueblo" se refiere a todas las clases; es un término interclasista que implica una visión nacional. Nuestra perspectiva, sin embargo, aquella dentro de la cual y para la cual siempre hemos trabajado como comunistas, es una perspectiva que, especialmente en la era imperialista tiene una sola clase en su centro, el proletariado, y por lo tanto no se identifica con el "pueblo", la "Nación", la "Patria" ni el "Estado burgués". De hecho los combate a todos, y al hacerlo (¡ y solo haciéndolo! ) prepara a nuestra clase para su revolución.
En las metrópolis de los Estados más antiguos, así como en las de los Estados más jóvenes y en las periferias de todo el mundo capitalista, las condiciones económicas, de vida y de trabajo de los proletarios asalariados (y, alternativamente, de las clases medias en declive y de los masas proletarizadas) continúan agravándose: aumentos generalizados de los bienes energéticos y de primera necesidad (incluido el costo de la vivienda), inflación galopante (hija mayor de la “política financiera” de los bancos estatales que continúan pagando y prestando dinero, sin que esto sin embargo logre generar capital y plusvalía suficientes para elevar la tasa media de ganancia).
La dramática prolongación del conflicto israelí-palestino demuestra una vez más la imposibilidad de encontrar una solución —dentro del sistema actual— para la región, que incluya siquiera una solución menos incierta y miserable que la actual para los miles de refugiados y proletarios palestinos concentrados en esas zonas, una auténtica bala perdida para todas las burguesías de Oriente Medio, tanto árabes como israelíes. Las treguas diplomáticas temporales y comprometedoras que se han producido a lo largo de los años, desde Camp David I hasta los "acuerdos” de Oslo o Wye Plantation, los de Camp David II y, finalmente las "invitaciones verbales" de Sharm el-Sheikh, una auténtica declaración de impotencia oculta tras vagas declaraciones verbales de las respectivas cancillerías diplomáticas, coordinadas por la mediación egoísta del imperialismo estadounidense, o acontecimientos más recientes (la guerra israelí-libanesa, el gobierno de unidad nacional de la OLP y Hamás, etc.), no podían ser una excepción.
La masacre sin fin de las masas palestinas proletarias y proletarizadas, el caos sin salida en Libia, en Siria, en Irak, en Ucrania, la absoluta inestabilidad en Afganistán, Pakistán y áreas cruciales en África central, las decenas de millares de muertos en todos los lugares, los centenares de miles de prófugos rumbo a la nada, las destrucciones y devastaciones: no cesan de multiplicarse, de extenderse, los focos bélicos, bajo la presión de una crisis económica mundial que impone un nuevo diseño de las geografías políticas y sociales resultantes de las dos guerras mundiales del siglo XX. No es el surgimiento esporádico, aquí o allá, de conflictos locales: estamos en presencia de un punto sin retorno en el interior de una escalada que tiene como salida necesaria, desde el punto de vista de las exigencias del capital, una nueva matanza mundial.
Presionada por la crisis global del modo de producción capitalista, la situación en Oriente Medio se vuelve cada día más crítica. La guerra entre Israel, Estados Unidos e Irán, independientemente de su evolución en el futuro inmediato, es tanto un síntoma como un factor que acelera y agrava esta situación.
El Estado de Israel cumple plenamente la función y el rol que le asignaron, inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, las potencias imperialistas victoriosas (lideradas por EE. UU. y la URSS): la de un gendarme armado, pagado y apoyado por los intereses del capitalismo global, en el corazón de una región rebosante de petróleo, gas y otras materias primas preciosas, y una encrucijada del comercio internacional. Por su parte, las burguesías locales (árabes y no árabes), laicas o intolerantes, corruptas y reaccionarias, temerosas ante los imperialismos más poderosos, no han hecho y siguen haciendo otra cosa que aferrarse a los yacimientos de oro negro y seguir el rastro del dinero: dólares, rublos, euros o yenes; da igual.
“¡No soy marxista!” (Karl Marx)
En tanto materialistas, sabemos que la lengua es una superestructura, en relación dialéctica con el modo de producción que la determina y la expresa. Sabemos también que, en una sociedad de clase, la ideología dominante es la ideología de la clase dominante, en la que la lengua está inmersa, dando voz a sus caracteres fundamentales, a las divisiones y a las relaciones de poder, contribuyendo así a influenciar el conjunto de la sociedad. En nuestro presente (con un capitalismo que ha llegado a su fase suprema, imperialista), el individualismo, que siempre ha sido uno de los aspectos de la ideología burguesa, ligado directamente al modo de producir y de consumir, empapa cada vez mas la lengua, y, a través de ella, todo el universo de las relaciones sociales.
Durante décadas la masacre de trabajadores palestinos por parte de Israel ha ensangrentado Gaza y sus alrededores, con al menos 70.000 muertes confirmadas, en un Oriente Medio cada vez más inestable y convulsionado. Desde hace más de dos años, en medio de una indiferencia general casi total, un sangriento conflicto interno se ha prolongado en Sudán, dejando cientos de miles de muertos y desplazados. Este conflicto ha sido durante mucho tiempo escenario de una creciente penetración de los imperialistas más fuertes o aspirantes, siempre dispuestos a alimentar o prolongar guerras civiles en este o aquel país, a vender armas para obtener ganancias, a bombardear poblaciones para instaurar la democracia (¡el reciente bombardeo estadounidense de Nigeria se nos presenta como una forma de defender a cristianos inocentes!). En el este, las fronteras occidental y oriental de la India son focos de conflictos no resueltos, y en el llamado Indo-Pacífico y entre los mares de China del Norte y del Sur, las guerras y escaramuzas locales se alternan con tensiones crecientes entre imperialismos viejos y jóvenes (EE.UU. y China en el caso de Taiwán, pero no solamente).
La hora de fuego de enfrentamientos que se ha verificado en Milán al margen del MayDay, durante la tarde del 1º de mayo, ha dado el vía libre al previsible coro de lamentaciones e indignación a causa de “los vándalos y alborotadores que han puesto en llamas a la ciudad”. Lamentaciones e indignación hipócritas. Desde su nacimiento, toda la sociedad burgués derrama sangre y fango desde la cabeza hasta los pies. ¿es el caso de citar ejemplos? ¡Se necesitaría una biblioteca entera para elencarlos! Basta pensar en la expropiación (violenta y sanguinaria) de los campesinos en la fase de aquella acumulación originaria que ha señado el inicio del modo de producción capitalistico; a la cotidiana explotación (violenta y sanguinaria) de hombres, mujeres y niños, característica de la revolución industrial. ¿Y no son violencia, talvez, la extracción de plusvalía, la porción siempre mayor de la jornada no pagada en la relación capital-trabajo, los accidentes y las enfermedades que consumen y destruyen vidas proletarias y son indisolubles de la ley de las ganacias, la miseria creciente que acompaña y caracteriza todo el arco de vida del capitalismo?
- Negadores, improvisadores, constructores del partido revolucionario
- De nuevo a propósito del partido revolucionario
- Contra la preparación ideológica y práctica de la guerra entre los Estados
- El capitalismo es el sistema de la destrucción generalizada
- Ante el abismo economico y social
- “Organizaciones territoriales de lucha proletaria” Que son y que deben llegar a ser
- Proletarios y comunistas
- Todos a correr tras las “medias clases”…
- Mientras exista el capital no habrá paz que sea deseable, no habrá guerra que no sea infame
- Pero ¿qué es este abstencionismo?
- Libertad del capital, servidumbre del Estado.
- “Sindicato de clase”: formas organizativas, reivindicaciones y métodos
- A propósito de la situación española (después de la huelga del 29 de Marzo)
- Reaccionar a la desesperacion y al aislamiento - Reanudar, organizar, generalizar la lucha
- Profundidad de la crisis general y retraso historico de la revoluciòn proletaria